domingo 18 de enero de 2009
sábado 17 de enero de 2009
sábado 10 de enero de 2009
el pensamiento invertido
Sacando a colación el tema de la anterior entrada en el blog, lo que fue una simple reflexión que acostumbro a hacer el día en el que el año expira, me dio que pensar ulteriormente en otro tema no menos abierto y en ocasiones inexplorado.
Tendemos a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, que lo vivido, que lo ya vivido, es un tiempo mejor que probablemente no volverá. Pienso que, en la mayor parte de las ocasiones y por no decir un cien por cien (ya que nada existe al cien por cien) es un pensamiento falso, por lo tanto invertido. Quiero decir, que lo tenemos que invertir.
¿Qué es el pensamiento invertido? Es una visión pragmática, rápida y eficaz de una subjetividad convertida a la objetividad por medio de la capacidad de invertir un pensamiento.
Si decimos que cualquier tiempo pasado fue mejor y nos conformamos por ello, lo mejor será invertir el pensamiento y deducir que en un tiempo pasado éramos más jóvenes, por eso pensamos que es mejor.
Si pensamos mucho en nuestro pasado, en cómo hacíamos las cosas o como éramos, menos tiempo dedicaremos a pensar en nuestro futuro, que en realidad es todo lo que está por llegar.
El pensamiento invertido puede sacarnos de un callejón sin salida o de un círculo que nosotros mismos hemos trazado. Nos puede traer más beneficios de los que a priori esperamos, ya que en ocasiones, el pensamiento suele ser inesperado y por esa misma razón, puede ser una auténtica bocana de aire fresco.
En realidad es mucho más sencillo de lo que parece, sólo es cuestión de probarlo; y es normal que al principio nos equivoquemos, que nos salga mal. Pero el pensamiento invertido, cada vez que lo usemos, se hará más práctico y depurado que el anterior.
No quiero poner más ejemplos del pensamiento invertido, tienes que discurrirlos tú mismo.
Tendemos a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, que lo vivido, que lo ya vivido, es un tiempo mejor que probablemente no volverá. Pienso que, en la mayor parte de las ocasiones y por no decir un cien por cien (ya que nada existe al cien por cien) es un pensamiento falso, por lo tanto invertido. Quiero decir, que lo tenemos que invertir.
¿Qué es el pensamiento invertido? Es una visión pragmática, rápida y eficaz de una subjetividad convertida a la objetividad por medio de la capacidad de invertir un pensamiento.
Si decimos que cualquier tiempo pasado fue mejor y nos conformamos por ello, lo mejor será invertir el pensamiento y deducir que en un tiempo pasado éramos más jóvenes, por eso pensamos que es mejor.
Si pensamos mucho en nuestro pasado, en cómo hacíamos las cosas o como éramos, menos tiempo dedicaremos a pensar en nuestro futuro, que en realidad es todo lo que está por llegar.
El pensamiento invertido puede sacarnos de un callejón sin salida o de un círculo que nosotros mismos hemos trazado. Nos puede traer más beneficios de los que a priori esperamos, ya que en ocasiones, el pensamiento suele ser inesperado y por esa misma razón, puede ser una auténtica bocana de aire fresco.
En realidad es mucho más sencillo de lo que parece, sólo es cuestión de probarlo; y es normal que al principio nos equivoquemos, que nos salga mal. Pero el pensamiento invertido, cada vez que lo usemos, se hará más práctico y depurado que el anterior.
No quiero poner más ejemplos del pensamiento invertido, tienes que discurrirlos tú mismo.
miércoles 31 de diciembre de 2008
Inexorable reflexión
Siempre, cada año, cuando llega este día, tiendo a reflexionar lo que soy, lo que hago, lo que pienso y sobre todo hacia donde voy.
Siempre, cada año, pienso que debo cambiar, debo mejorar, debo ser mejor persona.
Siempre, cada año, me pregunto por un instante, si alguna vez voy a dejar de pensar eso, siempre, cada año.
Siempre, cada año, me doy cuenta, que 365 días son una buena vara de medir en mi vida; dónde estaba hace una año, dónde estaré dentro de un año.
Siempre, cada año, me respondo... no lo sé. Pero seguro que donde quiera que esté, con quien quiera que esté, me volveré a hacer esa pregunta... puedo mejorar? puedo ser mejor persona? puedo intentarlo?
Siempre, cada año, pienso que lo más importante es llegar a hacerse esas preguntas, que en mi vida hay algo que no funciona bien o que puede mejorar; darse cuenta de esto es el primer paso para conseguirlo, cueste lo que cueste, porque al final, cuando te haces mayor, el tiempo pasa tan deprisa que sólo queda mirar para adelante.
Siempre, cada año, llego a la formidable conclusión que el tiempo pasado no fue mejor, lo que pasa en es que un tiempo pasado sólo éramos más jóvenes.
Siempre, cada año, pienso que debo cambiar, debo mejorar, debo ser mejor persona.
Siempre, cada año, me pregunto por un instante, si alguna vez voy a dejar de pensar eso, siempre, cada año.
Siempre, cada año, me doy cuenta, que 365 días son una buena vara de medir en mi vida; dónde estaba hace una año, dónde estaré dentro de un año.
Siempre, cada año, me respondo... no lo sé. Pero seguro que donde quiera que esté, con quien quiera que esté, me volveré a hacer esa pregunta... puedo mejorar? puedo ser mejor persona? puedo intentarlo?
Siempre, cada año, pienso que lo más importante es llegar a hacerse esas preguntas, que en mi vida hay algo que no funciona bien o que puede mejorar; darse cuenta de esto es el primer paso para conseguirlo, cueste lo que cueste, porque al final, cuando te haces mayor, el tiempo pasa tan deprisa que sólo queda mirar para adelante.
Siempre, cada año, llego a la formidable conclusión que el tiempo pasado no fue mejor, lo que pasa en es que un tiempo pasado sólo éramos más jóvenes.
domingo 14 de diciembre de 2008
24 horas de dolor en un hombre
Acto 2 Amanece atardece
Deseaba con todas mis fuerzas estar en ese idílico paraje, pero para conseguirlo, primero necesitaba saber dónde estaba, y eso pasaba inexorablemente por abrir los ojos.
Nunca la luz, me había molestado tanto. Recuerdo algún domingo, levantándome tarde, que al abrir los ojos la luz me turbaba los sentidos. Pero era una sensación agradable, una sensación que no se podía comprar con lo que hoy sentía.
El insidioso dolor instalado en mi cabeza parecía viajar de un lado a otro sin un rumbo fijo, la boca me hervía sin descanso y notaba una tremenda irritación desde la garganta a la boca del estómago. Ese fue mi primer análisis, del todo apriorístico y a todas luces insuficiente de mi lamentable estado.
La habitación era tremendamente fría y austera, el mobiliario tosco y viejo, no había un miserable detalle que me hiciera recordar donde estaba. Pero lo preocupante era saber como había llegado allí.
Mi reloj marcaba las cuatro y algo de la tarde, lo encontré porque estaba ceñido a mi muñeca, encontrar otros enseres, se me antojaba harto complicado en esos momentos.
Poco a poco comencé a recordar, sobre todo cuando vi la fecha en el reloj. Se trataba del primer día del año y lo más importante a parte de saber donde estaba era reconstruir mis pensamientos hacia atrás, saber que había pasado para perder la consciencia, cómo había llegado allí y si las voces que estaba escuchando eran conocidas.
Deseaba con todas mis fuerzas estar en ese idílico paraje, pero para conseguirlo, primero necesitaba saber dónde estaba, y eso pasaba inexorablemente por abrir los ojos.
Nunca la luz, me había molestado tanto. Recuerdo algún domingo, levantándome tarde, que al abrir los ojos la luz me turbaba los sentidos. Pero era una sensación agradable, una sensación que no se podía comprar con lo que hoy sentía.
El insidioso dolor instalado en mi cabeza parecía viajar de un lado a otro sin un rumbo fijo, la boca me hervía sin descanso y notaba una tremenda irritación desde la garganta a la boca del estómago. Ese fue mi primer análisis, del todo apriorístico y a todas luces insuficiente de mi lamentable estado.
La habitación era tremendamente fría y austera, el mobiliario tosco y viejo, no había un miserable detalle que me hiciera recordar donde estaba. Pero lo preocupante era saber como había llegado allí.
Mi reloj marcaba las cuatro y algo de la tarde, lo encontré porque estaba ceñido a mi muñeca, encontrar otros enseres, se me antojaba harto complicado en esos momentos.
Poco a poco comencé a recordar, sobre todo cuando vi la fecha en el reloj. Se trataba del primer día del año y lo más importante a parte de saber donde estaba era reconstruir mis pensamientos hacia atrás, saber que había pasado para perder la consciencia, cómo había llegado allí y si las voces que estaba escuchando eran conocidas.
El viajero entre las llamas
Maldito calor abrumador,
que no me deja pensar.
Demasiada luz alrededor,
de galope cegador.
El aire que exalo turba aún más el ambiente,
extraño edor que quizás salga de mí.
No hay luz al final de túnel,
si no hay túnel y todo es luz.
Ya pasé antes por aquí,
quizás esté volviendo sobre mis pasos.
Y no hay nadie aquí que pueda ayudarme,
ahora que soy pasto de las llamas.
Ya soy como vosotras,
ya somos.
Sólo me queda una desgarradora espera,
de resbaladizos y bellos movimientos.
Hasta que alguien nuevo ose a entrar
Pero hace tanto calor aquí...
que no me deja pensar.
Demasiada luz alrededor,
de galope cegador.
El aire que exalo turba aún más el ambiente,
extraño edor que quizás salga de mí.
No hay luz al final de túnel,
si no hay túnel y todo es luz.
Ya pasé antes por aquí,
quizás esté volviendo sobre mis pasos.
Y no hay nadie aquí que pueda ayudarme,
ahora que soy pasto de las llamas.
Ya soy como vosotras,
ya somos.
Sólo me queda una desgarradora espera,
de resbaladizos y bellos movimientos.
Hasta que alguien nuevo ose a entrar
Pero hace tanto calor aquí...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
